7 lesiones deportivas más comunes en verano y cómo evitarlas

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Con la llegada del verano, el buen tiempo nos invita a salir de casa y movernos más. Los partidos de pádel con amigos, las rutas por la montaña, nadar en el mar o las «pachangas» de fútbol en la playa se convierten en el plan perfecto. Sin embargo, esta explosión de energía también trae consigo una consecuencia no tan deseada: las visitas al fisioterapeuta se disparan.

Conocer qué le pasa a nuestro cuerpo cuando cambiamos nuestra rutina es el primer paso para disfrutar de las vacaciones sin dolor.

¿Por qué aumentan las lesiones deportivas durante el verano?

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El principal motivo es el cambio brusco de actividad. Muchas personas aumentan bruscamente su nivel de actividad durante el verano y deciden recuperar el tiempo perdido en julio y agosto. A esto se le suma el cambio de superficie (correr por la arena o jugar en pistas duras) y el factor del calor extremo. Nuestro cuerpo necesita adaptación, y cuando le exigimos el máximo sin preparación previa, los tejidos sufren.


1. Esguinces de tobillo: la lesión más habitual en deportes al aire libre

Jugar al vóley playa, correr por la montaña o simplemente caminar por superficies inestables multiplica el riesgo de sufrir un esguince de tobillo. Aunque solemos pensar que todo se reduce a «pisar mal», el mayor riesgo proviene en realidad de los cambios bruscos de dirección, los terrenos irregulares y la fatiga muscular. Estos factores provocan que los ligamentos se estiren más de lo debido, causando dolor e hinchazón.

2. Tendinitis: el exceso de entrenamiento pasa factura

Aunque popularmente hablamos de tendinitis, muchas de estas lesiones corresponden realmente a una tendinopatía, producida por una sobrecarga repetida del tendón., y en verano suele aparecer por repetición. Pensemos en ese torneo de pádel que dura todo el fin de semana o en salir a correr todos los días de golpe. El tendón no tiene tiempo para recuperarse y se inflama. Cómo evitarlo: Dosifica tus esfuerzos. Es fundamental respetar los días de descanso y aumentar la intensidad de la actividad de forma progresiva.

3. Fascitis plantar por correr o caminar más de lo habitual

El abuso de las chanclas, el calzado plano y las largas caminatas turísticas son el cóctel perfecto para la fascitis plantar. Ese dolor punzante en la planta del pie, especialmente al dar los primeros pasos por la mañana, puede arruinarte las vacaciones. Cómo evitarlo: Limita el uso de chanclas solo para la piscina o la playa. Para caminar, elige siempre un calzado que ofrezca una buena amortiguación y sujeción al puente del pie.

4. Contracturas musculares por calor y falta de hidratación

A veces olvidamos que el músculo necesita agua para funcionar bien. Con las altas temperaturas, sudamos más y perdemos sales minerales. Esta deshidratación hace que los músculos se vuelvan rígidos, aumentando el riesgo de sufrir dolorosas contracturas y calambres. Cómo evitarlo: Bebe agua antes, durante y después del ejercicio, aunque no tengas sed. Evita las horas centrales del día para hacer deporte.

5. Roturas fibrilares: cuando exigimos demasiado al músculo

Ese «pinchazo» repentino al hacer un sprint o frenar de golpe es el síntoma claro de una rotura fibrilar (o rotura de fibras). Suele darse en gemelos o isquiotibiales cuando le pedimos al músculo una contracción explosiva y no está preparado. Cómo evitarlo: El calentamiento es innegociable. Dedica siempre 10 minutos a movilizar las articulaciones y calentar el músculo antes de empezar a jugar.

6. Lesiones de hombro en deportes de raqueta y natación

Deportes estrella del verano como el tenis, el pádel o la natación exigen un trabajo intenso del tren superior. Una mala técnica al nadar o al sacar en la pista puede sobrecargar los tendones del manguito rotador, generando un fuerte dolor en el hombro que nos impide levantar el brazo. Cómo evitarlo: Fortalece la musculatura de la espalda y los hombros, y si estás aprendiendo a nadar o a jugar a deportes de raqueta, invierte en unas clases para pulir la técnica.

7. Sobrecarga lumbar tras aumentar la actividad física

La zona de la espalda baja sufre muchísimo cuando empezamos a hacer deportes de impacto. Si la musculatura del tronco no tiene suficiente capacidad para estabilizar la columna, esa sensación de «espalda cargada» suele aparecer tras varias horas de pie, cargando peso o jugando en superficies duras. Cómo evitarlo: No descuides el trabajo de fuerza general y asegúrate de estirar bien la zona lumbar y los isquiotibiales después de cada sesión.

Recupera tu actividad deportiva con la Clínica Jaro

Si el daño ya está hecho y sientes molestias que no desaparecen en un par de días, no fuerces la máquina. Seguir entrenando con dolor solo agravará el problema y alargará el tiempo de recuperación.

En la Clínica Jaro somos especialistas en fisioterapia. Evaluamos tu lesión de forma personalizada, tratamos el problema de raíz mediante terapia manual y te damos las pautas exactas para que vuelvas a tu deporte favorito de forma segura y sin recaídas. No dejes que una lesión te estropee el verano; ponte en manos de profesionales y vuelve a moverte con libertad.

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