La relación entre suelo pélvico y sedentarismo es directa. La vuelta a la rutina suele significar una cosa: volver a pasar muchas horas frente al ordenador. Aunque solemos preocuparnos por la espalda o el cuello, hay una zona que sufre en silencio bajo nuestro peso y la falta de movimiento: el suelo pélvico.
Qué le ocurre a tu suelo pélvico al volver a la oficina
El cambio drástico de las vacaciones a la oficina supone un impacto para tu cuerpo. Durante el verano, solemos estar más activos, caminamos más y pasamos menos tiempo sentados. Al volver al trabajo, pasamos a mantener una postura estática durante ocho horas o más.
Este cambio brusco genera un aumento de presión constante sobre la base de la pelvis. De repente, obligas a esta musculatura a soportar el peso de los órganos pélvicos y abdominales de forma continuada, sin darle el descanso ni el estímulo que necesita.
Cómo el sedentarismo de la silla debilita tu musculatura

Estar sentado durante periodos prolongados inactiva los músculos de la zona central del cuerpo. Cuando te sientas, sobre todo si adoptas una mala postura, el peso del abdomen recae directamente sobre el suelo pélvico.
Si te encorvas hacia adelante frente al teclado o cruzas las piernas, ten en cuenta que mantener posturas durante mucho tiempo puede aumentar las molestias y que es conveniente cambiar de posición con frecuencia. Además, la falta de movimiento reduce el riego sanguíneo en los tejidos. Si a esta inactividad le sumamos el estrés laboral y la tensión que a menudo acumulamos apretando el abdomen de forma inconsciente, el resultado es una musculatura debilitada, rígida y con mayor riesgo de sufrir disfunciones.
Señales de alerta: cuando la rutina pasa factura a tu pelvis
Tu cuerpo te avisa cuando el sedentarismo está empezando a ser un problema. Presta atención a estos síntomas y no los pases por alto:
- Sensación de pesadez: notas presión o cansancio en la zona pélvica, especialmente al final de la jornada laboral.
- Dolor lumbar bajo: una molestia en la parte baja de la espalda que no se alivia simplemente al estirar.
- Escapes de orina: pequeñas pérdidas al toser, reír, estornudar o levantar peso.
- Urgencia miccional: sientes la necesidad constante y repentina de ir al baño, aunque acabes de ir.
Claves de fisioterapia para proteger tu suelo pélvico trabajando
No necesitas cambiar de trabajo, pero sí de hábitos. Aquí tienes algunas recomendaciones prácticas para cuidar tu musculatura sin levantarte demasiado de la silla:
- Muévete cada hora: ponte alarmas para levantarte, dar un pequeño paseo a por agua y hacer estiramientos suaves. Esto reactiva la circulación de tu pelvis.
- Cuida tu postura al sentarte: siéntate sobre los isquiones (los huesos duros de los glúteos), mantén la espalda recta y apoya los dos pies planos en el suelo. Evita mantener las piernas cruzadas durante mucho tiempo y procura cambiar de postura con frecuencia.
- Respira con el diafragma: evita «meter tripa» de forma constante y no aguantes la respiración cuando te concentres. Una respiración fluida evita que la presión se acumule en el abdomen y empuje hacia abajo.
- Haz uso de la ergonomía: asegúrate de que tu pantalla esté a la altura de los ojos para no encorvarte.
Pide tu valoración en Clínica Jaro y vuelve a la oficina sin dolor
Normalizar las molestias no es la solución. Si notas pesadez, dolor o algún síntoma de debilidad, es el momento de actuar antes de que el problema vaya a más.
En Clínica Jaro somos especialistas en fisioterapia de suelo pélvico. Realizamos una valoración completa y personalizada para entender el estado real de tu musculatura y diseñamos un plan de tratamiento adaptado a tu día a día.
No dejes que la silla te pase factura. Ponte en contacto con nosotros, pide tu cita y cuida tu salud pélvica para trabajar con total comodidad.